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El mayor problema en la consulta

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El principal problema que nos encontramos en psicología es que tenemos que trabajar con humanos, y los humanos mienten. No solo es que mientan sino que a veces no dicen la verdad porque tienen ideas equivocadas de las cosas o la percepción les ha jugado una mala pasada.

Aquí podemos ver al Príncipe Guillermo siendo un completo maleducado.
Pero si estuviésemos en otra posición, podríamos ver algo completamente diferente:

Así que no solo nos encontramos con la falta de intención de decir la verdad, que no es ni de lejos el problema más habitual, sino con una concatenación de errores debido a una percepción única (como no puede ser de otra forma).

Un clásico en consulta «es que hago todo mal», «nadie me quiere», etc. Normalmente ideas producidas por un fallo perceptivo que termina siendo algo más grande por una cuestión acumulativa.

Cada profesión tiene sus peculiaridades, la nuestra tiene esta característica que pone trabas a la hora de encontrar la solución para el paciente.

Si pensamos en los veterinarios y los médicos, cada uno tiene sus hándicaps, el médico tiene problemas de lenguaje y percepción similares a los nuestros. Pero tiene la facilidad de que el paciente cuando empiece a notar síntomas puede acercarse al hospital más cercano, frente al veterinario, que sus pacientes no tienen la facultad de hablar ni de acudir a un centro cuando se encuentran mal.

Sin embargo, el veterinario tiene la ventaja de que sabe que tiene un problema con el lenguaje y tiene que ir a los hechos. Mientras que los médicos y los psicólogos utilizamos preguntas para obtener una información muchas veces falseada (normalmente no de forma intencionada).

Vamos a poner un ejemplo. El veterinario jamás le preguntará al perro si come bien o mal, se lo puede preguntar a su dueño pero de cualquier modo irá a ver la composición nutricional del pienso (hecho comprobable). Sin embargo, el médico y el psicólogo pueden hacer esa fatal cuestión «¿Qué tal come (usted/su niño/quien sea)?».

Aquí abrimos una fuente de problemas, porque primero, no sabemos cual es la formación nutricional que puede tener el paciente por lo tanto puede decir que come bien (percepción) simplemente porque come algo de fruta todos los días o que sé yo. 

Además, el paciente es un sujeto activo, él tiene una idea de cual es su problema y sobre todo una voluntad de hacer ciertas cosas y por supuesto una voluntad aun más férrea de que es lo que no va a hacer.

Eso en muchas ocasiones condiciona la búsqueda de soluciones que emprende el profesional, aunque esto no debería ser así.

El veterinario salva las opiniones nutricionales del perro y de su dueño, mientras que el médico cae en la mentira/realidad alternativa del paciente que dice comer bien y que además en muchas ocasiones quiere una solución rápida y no un cambio radical en su estilo de vida, que supondría un esfuerzo mayor que tomarse un antiácido.

Entonces ya no es solo que cada uno explica su realidad con las herramientas que tiene sino que además queremos una solución a medida. 

Es aquí donde un profesional se puede volver diferencial con un simple gesto, darle al paciente lo que necesita y no lo que le apetece. Como haría un buen padre con su hijo.

 

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